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Cómo descubrí y me enamoré del Pacífico colombiano

Hablar de Pacífico colombiano es recordar aromas, sabores, lugares, música, personas y experiencias que se quedaron grabadas en mi corazón. Sobre todo, un tema en especial: ¡rallar un coco con una concha! Si, como lo lees. Quédate en esta publicación para leer este relato.

Aprender un destino desde sus sabores te cambia la óptica totalmente y te permite una inmersión cultural única y especial por el grado de compenetración que llegas a tener con locales y sus tradiciones.

Hace muchos años fue ese primer viaje a Tumaco y sus islas, aproximadamente 12, si mi memoria no me falla. Me generaba mucha inquietud el destino ya que llevaba años escuchando historias y probando sabores por la nana de un sobrino. Ella, Charo, fue quien sembró ese primer interés por conocer su lugar de origen.

Debo admitir que cada viaje me cambia un poco y este no fue la excepción. Me recibieron con una bebida que se conoce con varios nombres: Chirrinche, Chapil, Charuco o más conocido como Viche. Una de las tantas bebidas ancestrales del Pacifico.

Lo probé puro y en diferentes preparaciones cocteleras con maridajes locales como las cocadas de patacón con un refrito de hierbas de azotea y camarones. Aún lo recuerdo y me saboreo mientras me transporto a ese lugar de playa tranquila, escuchando la brisa.  – perdón, me desvié de la finalidad del escrito al recordar mi llegada -.

Siguiendo el relato, quiero contarles la experiencia que tuve en una de las islas cercanas a Tumaco. La comunidad me enseñaría un poco de sus preparaciones, técnicas, productos y pesca.

Salimos muy temprano a mar abierto hacia esta isla con el líder de la comunidad. Encontrar todos los insumos para nuestro almuerzo era la misión del día.

Cuando nos fuimos acercando a la isla, la lancha paró en un lugar con muchas conchas. Pregunté rápidamente qué hacían esas conchas arrumadas a un palo. Adolfo me contestó: ¨doña, son las conchas del Macho Piangua. Para nosotros tienen varios usos y uno de ellos es para rallar el coco¨.

¿Rallar coco con una concha? ¿Cómo es esto posible? le pregunté, algo preocupada de no poder lograr rallar el coco con esta técnica.

Sonrió y me miró: ¨pierda cuidado! Ya le enseño. La concha de la hembra es muy lisa en sus bordes y no sirve (lo decía mostrándomela) mientras la concha del macho es de bordes bien marcados y filudos lo que nos permite rallar muy bien el coco.

¡La encontré! Esta es la suya. Guárdela por favor¨

Debo admitir que la tomé en mis manos y aún no entendía como rallaría un coco con una concha. Confieso que no dejo de sorprenderme por todo lo que un día de trabajo me tiene y este día no sería la excepción.

Seguimos nuestro camino. Debíamos conseguir unos buenos plátanos, coco, hierbas de azotea, cilantro cimarrón, ir al manglar por Piangua para nuestro ceviche, pescar un cangrejo azul y unos cuantos Reculambai.

Admitiré que en el manglar con las Pianguas fui de ayuda, hasta en la pesca del cangrejo aprendí como se debe agarrar, pero los Reculambai son una prueba no superada. Este escarabajo de mar es tan ágil en sus movimientos que se escabulle fácilmente de tus manos y menos mal no dejaron la tarea en mí, ya que el balde hubiese llegado sin alimento para la comunidad.

Llegó el medio día. Recuerdo que antes de comenzar comimos una rebanada de sandia fresca para tomar energía y comenzar a cocinar.

Esa misma destreza que tienen los locales para agarrar los Reculambai, es directamente proporcional a la que tienen para rallar el coco con la concha y dejar totalmente limpio el cascaron del coco para pasarlo a los artesanos que lo convierten en piezas de cocina, tazones entre otros artículos.

Estaba sorprendida al ver a las señoras con qué habilidad rallaban los cocos. En tiempo récord estaban todos listos. ¡Mi coco demoró un poco más de lo normal, pero lo logré! Si se puede rallar un coco con una concha y esto me lo enseñó el Pacífico colombiano.

Hoy en día guardo como un tesoro esa concha y cada vez que voy a rallar un coco lo hago con la técnica aprendida.

Ahora bien, se preguntarán, ¿cuál fue el menú para almuerzo? La entrada era un ceviche de Piangua y los Reculambai apanados – manjar de dioses – el plato fuerte: encocado de cangrejo azul con plátano.

El plátano del Pacífico, hago un paréntesis, es diferente al que encontramos en el Caribe y Quindío por nombrar otras zonas de cultivos. Este plátano tiene una textura y un dulzor especial que sin duda es uno de mis favoritos.

El postre: ¡cocadas!  – la receta la compartimos con ustedes en la sección de cocina del blog de astuviaje gourmet–.

La sazón en cada región es diferente. Pacífico es una de mis favoritas en lo que se refiere al destino Colombia. Sueño con volver para tomarme un Arrechón, esas Cocadas de patacón, unas Balas, el Encocado, la Raya, Palanqueta, Chucha, Tollo, Chautisa, Pusandao, dulces de papaya con caña y por supuesto, mucho más Viche.

¡Gracias Tumaco por tanto! Gracias por tu gente, tus sabores, tus paisajes, tu música, tus bailes, tus amaneceres y atardeceres, tus islas y por dejarme entrar a vivir el destino como un local.

Y tú que llegaste al final: ¿te animas a rallar un coco con una concha?

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